Lejos de marcar una diferencia, Leandro Santoro mantiene una continuidad con el gobierno de Alberto Fernández, del cual fue vocero, asesor y defensor político en el Congreso de la Nación. Durante la gestión más cuestionada del Frente de Todos, respaldó incluso el acuerdo con el FMI sin matices.
Ahora, en su quinta candidatura en la Ciudad, intenta despegarse del albertismo, aunque su historial no lo ayuda. Su campaña, centrada en una diluída identidad política, lo aleja de los votantes que buscan un peronismo con propuestas firmes y liderazgo real.
A pesar de sus recientes esfuerzos por matizar su vínculo con el gobierno anterior, Santoro evita hacer autocrítica sobre su rol durante uno de los períodos más cuestionados de la democracia reciente. Su silencio frente a los errores de gestión y su apoyo al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional marcan una línea de continuidad que resulta difícil de disimular.
En un contexto donde muchos dirigentes buscan diferenciarse del fracaso del Frente de Todos, Santoro parece insistir en una pertenencia ambigua, más funcional al oportunismo electoral que a una convicción ideológica. Esa indefinición, lejos de fortalecerlo, alimenta el escepticismo sobre su verdadera posición política.





