Con una caída de más de USD 4.000 millones en reservas y menor ingreso de dólares del agro, el Gobierno sostiene que no habrá una devaluación. Pero en los barrios del Gran Buenos Aires, el enfriamiento de la economía ya se traduce en menos ventas en comercios, menor circulación de efectivo y tensión en los precios.
Mientras el equipo económico insiste en que no habrá una devaluación, los números del Banco Central cuentan otra historia: las reservas cayeron más de USD 4.000 millones en los últimos meses y el ingreso de divisas del campo sigue por debajo de lo esperado. En este contexto, el mensaje oficial busca sostener expectativas y evitar una nueva corrida cambiaria, aunque los operadores del mercado siguen con atención la brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos.
La tensión no se limita a las variables macroeconómicas. En los barrios del conurbano bonaerense, comerciantes y consumidores sienten en carne propia el freno de la actividad. Las ventas en negocios de cercanía bajaron en rubros esenciales, como alimentos y limpieza, y los clientes recurren cada vez más a compras fraccionadas. La falta de circulante, sumada al deterioro del poder adquisitivo, empieza a marcar el pulso de una recesión que ya se percibe a nivel cotidiano.
Además, la incertidumbre sobre los precios pone presión sobre las cadenas de comercialización. Muchos proveedores limitan sus entregas o exigen pagos anticipados, anticipándose a posibles saltos del dólar. Aunque desde el Gobierno descartan un ajuste cambiario, la combinación de caída de reservas, escaso ingreso de dólares frescos y una economía que no repunta refuerza el escepticismo de analistas y actores económicos.





