En las horas posteriores a la captura, Trump elevó el tono: presentó la operación como parte de una ofensiva contra el “narco-terrorismo” y deslizó que Estados Unidos tendría un rol directo en el rumbo político venezolano. El anuncio encendió alarmas por el antecedente histórico que implica una tutela externa sobre un país de la región.

La ofensiva estadounidense llegó después de meses de presión y despliegue en el Caribe, y reabrió un debate clásico: hasta dónde puede llegar Washington en América Latina bajo la lógica de “seguridad” y lucha contra el crimen transnacional.

El fin de semana cerró con un escenario abierto: protestas, comunicados diplomáticos cruzados y la expectativa por cómo se ordenaría el poder interno en Venezuela tras la extracción de su máxima figura política.

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