Aunque el acuerdo fue aprobado, el debate dentro de la Unión Europea dejó expuestas tensiones profundas. Francia, Irlanda y otros países manifestaron su preocupación por el impacto en el sector agropecuario y reclamaron mayores salvaguardas para sus productores.
Desde Bruselas, los defensores del pacto argumentaron que el tratado fortalece la posición geopolítica europea frente a otras potencias y refuerza la relación estratégica con América del Sur. También destacaron la inclusión de compromisos ambientales y laborales.
El aval no implica una implementación inmediata, pero sí marca un punto de inflexión. Tras años de estancamiento, el acuerdo vuelve a estar en el centro de la agenda comercial internacional.





