A las 16h, el INDEC dará a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a enero, un dato clave para evaluar la dinámica inflacionaria en el inicio del año. En diciembre, la inflación había sido del 2,8% y, desde junio, el proceso de desaceleración parece haberse estancado.
Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, las consultoras privadas estiman una inflación del 2,4% para enero. El dato oficial, sin embargo, llega envuelto en un clima de fuerte controversia institucional y política.
La tensión se explica por la decisión del Gobierno de cancelar la implementación de una canasta de consumo actualizada, que había sido anunciada en octubre y debía comenzar a aplicarse este mes. Esa marcha atrás derivó en la renuncia de Marco Lavagna a la conducción del organismo, un hecho que profundizó las críticas sobre la transparencia de las mediciones.
En ese contexto, el índice de precios de la Ciudad de Buenos Aires funcionó como termómetro alternativo. Con una inflación del 3,1% en enero —la más alta de los últimos diez meses—, el dato porteño reavivó el debate sobre el atraso metodológico del IPC nacional y la credibilidad de las estadísticas oficiales.
La cifra que difunda el INDEC no solo tendrá impacto económico, sino también político: será leída como una señal sobre la consistencia del programa antiinflacionario y sobre la relación del Gobierno con los organismos técnicos que producen los datos clave del país.





